sábado, 31 de diciembre de 2016

La Tierra Plana alrededor del Globo

El Arzobispo anglicano James Ussher, luego de un prolijo y exhaustivo estudio de la Biblia y otros documentos terminó en el Siglo XVII su trabajo “Annales veteris testamenti, a prima mundi origine deducti" (Anales del Viejo Testamento, derivados de los primeros orígenes del mundo), en el que concluía que la Creación se realizó al atardecer del 22 de octubre de 4.004 aC.

Sin embargo, nada decía sobre la forma que tenía la tierra recién creada. Fue acaso la tierra plana que proclaman los defensores de esta idea, o fue una tierra esférica, dentro de un inmenso universo?

La imaginación, llevó al hombre a figurarse a la Tierra de diferentes formas casi todas simétricamente sencillas, y algunas otras perfectamente pensadas para que coincidan con las creencias religiosas. Hasta que los griegos comenzaron a ver la forma de la tierra como realmente tenía que ser y no como querían que fuese. Casi todos los pueblos tienen y tuvieron una noción de la forma de la Tierra, aunque más no sea de la región en que viven, que muchas veces se presentó como la única región o ubicándola en el centro del mundo conocido. Se imaginaron la tierra, con una forma plana, y apoyadas o flotando sobre distintos sitios.

La Tierra Plana en las antiguas culturas
La idea de una tierra cuadrada fue muy atractiva para muchos pueblos. Los antiguos peruanos se imaginaban el mundo como un cofre con un tejado a dos aguas en donde vivía un gran dios. El universo de los aztecas estaba formado por cinco cuadrados, un cuadrado en el centro y los otros en cada uno de sus lados. Cada uno de los cuadrados contenía uno de los cuatro puntos cardinales, que provenían del lugar central, morada del dios Xiuhtecutli, madre y padre de los dioses y habitantes del ombligo de la tierra. Los mayas creían que el universo tenía tres niveles, el inframundo, el mundo humano y la esfera celeste. Estos niveles se mantenían unidos por su eje por una ceiba sagrada. El mundo medio presentaba cuatro direcciones orientadas a los puntos cardinales, en cada esquina se ubicaba un cargador del cielo o bacab y una ceiba similar a la del centro. Otros pueblos concibieron el mundo como una rueda, incluso un tetraedro.


Los antiguos babilonios, creían que la tierra era plana, y flotaba sobre el agua, además estaba cubierta por una bóveda celeste metálica del que colgaban las estrellas, por encima de esta bóveda había una capa de agua, que a veces se filtraba a través de ella provocando así la lluvia.

Para los sumerios, el universo apareció por primera vez cuando Nammu, un abismo sin forma, se abrió a sí mismo y en un acto de auto-procreación dio nacimiento a An (Anu) (dios del cielo), y a Ki (diosa de la Tierra), referida comúnmente como Ninhursag.


La unión de Anu (An) y Ki produjo a Enlil, el señor del viento, quien eventualmente se convirtió en el líder de los dioses. Después, Enlil fue desterrado de Dilmun (el hogar de los dioses) debido a la violación de Ninlil, de la que tuvo un hijo, Sin (dios de la Luna), también conocido como Nannar.

Sin y Ningal dieron a luz a Inanna (diosa del amor y de la guerra) y a Utu o Šamaš (dios del Sol). Durante el destierro, Enlil engendró tres deidades del inframundo junto con Ninlil, el más notable de ellos fue Nergal.

Nammu también dio a luz a Enki o Abzu, dios del abismo acuático.

Los antiguos habitantes de la India, creían que nuestro Planeta, estaba apoyado en una inmensa bandeja de oro, sostenida por el lomo de unos elefantes puestos en círculo, en dos niveles.

Estos elefantes a su vez se encontraban de pie sobre una gigantesca tortuga, que para ellos representaban al dios de las aguas. Más adelante evolucionaron a la creencia de que el universo era una superposición de cielo, aire y una tierra plana y circular, en cuyo centro estaba el monte Sameru (identificado con el Himalaya), al sur del cual estaba la India, en un continente rodeado por el océano. El cielo tenía siete niveles y el séptimo era la morada de Brahma. El infierno tenía otros siete niveles.

Los chinos a pesar de tener unos mapas perfectamente detallados, creían que la tierra era plana y que China estaba en el centro. En la antigua China, según la teoría Kai t´´ien, el cielo y la tierra eran planos y se encontraban separados por 80.000 li (1 li equivale a medio kilómetro) El sol, cuyo diámetro era de 1250 li, se movía circularmente en el plano del día; cuando se encontraba sobre China era de día y cuando se alejaba venía la noche. Posteriormente, esa idea fue modificada. En esta nueva versión, el cielo y la tierra eran semiesferas concéntricas con un radio de 60.000 li

En la mitología nórdica, en un principio sólo existía el vacío. No había océano que ocupara su vasto imperio, ni árbol que levantase sus ramas o hundiera sus raíces. Más al norte allá donde el abismo, se formó una región de nubes y sombras llamadas Niflheim. En el sur se formó la tierra del fuego, Muspellsheim. Los doce ríos de pura agua glacial que trascurrían desde Niflheim hasta encontrarse con los correspondientes de Muspellsheim llevaban amargo veneno y pronto se solidificaron. Cuando las heladas aguas del norte tocaron sus rígidos cuerpos serpentinos, el abismo se llenó de gélida escarcha.


Con el aire cálido que soplaba desde el sur empezó a derretir la escarcha y de las amorfas aguas surgió Ymir, un gigante de escarcha, el primero de todos los seres vivientes.

Del hielo surgió una gran vaca llamada Audumla. E Ymir apagó su sed en uno de los cuatro manantiales de leche que fluían de la criatura. Cada uno de estos seres primarios tuvieron hijos de forma asexual: Ymir a partir de su propio sudor y Audumla lamiendo el hielo. El matrimonio de Bestla, hija de Ymir, con Bor, nieto de Audumla, trajo a los tres dioses, Odín, Vili y Va, quienes muy pronto se volvieron en contra de la raza de los gigantes exterminándolos a todos menos a dos, que escaparon para perpetuar la raza. Al calmarse el caos resultante del desbordamiento, al derretirse el hielo, los tres dioses sacaron el cuerpo inerte de Ymir fuera de las aguas y crearon la tierra, a la que llamaron Midgard, la Principal Morada. De los huesos de Ymir se crearon las montañas y su sangre llenó los océanos. Su cuerpo se convirtió en tierra y sus cabellos en árboles. Con su calavera los dioses formaron la bóveda de cielo, que atestaron de brillantes chispas de los fuegos de Muspellsheim. Estas chispas son las estrellas y los planetas.

Del suelo brotó Yggdrasilll, el gran fresno, cuyas poderosas ramas separaban los cielos de la tierra y cuyo tronco constituía el eje del universo. De hecho en algunas leyendas Yggdrasill es el mundo mismo. Nadie podría narrar su grandeza. Sus raíces se hincan en las profundidades, más allá de las raíces de las montañas y sus perennes hojas atrapan las estrellas fugaces según pasan.

Son tres sus raíces. La primera llega hasta Nifheim, tierra de sombras o infierno y toca la fuente Hvergelmir de donde mana los doce ríos de la región del Norte. La segunda entra en la tierra de los gigantes helados y bebe de la fuente de Mimir, fuente de toda sabiduría. La tercera se extiende por lo cielos donde discurre la fuente de Urd, el más sabio de los Nornos.

Otros pueblos, suponían que la Tierra era una superficie plana, cubierta por una gran esfera cristalina, en la que se encontraban Pegados a ella, las estrellas, el Sol, la Luna y todos los cuerpos celestes que eran vistos en las noches despejadas.

Según los primeros griegos, la tierra tenía forma de disco, dividido en dos zonas; Una zona inferior, cerca de la superficie, donde se encontraba la casa de Hades u el Reino de la Muerte, y bajo ella el Reino de la Oscuridad Eterna y una zona superior, de gran tamaño, la atmósfera, el lugar de las nubes y la niebla.


En la esfera del cielo se situaba el sol, la luna y las estrellas. Esta esfera estaba en movimiento, de tal forma que los astros realizaban un movimiento circular por encima de la tierra

Una de las mayores inspiraciones de los antiguos griegos fue la de afirmar que la Tierra tenía la forma de una esfera. Originalmente concibieron esta idea (la tradición concede a Pitágoras de Samos la primacía en sugerirla, alrededor del 525 d. de J.C.) sobre bases filosóficas, a saber, que la esfera era la forma perfecta. Pero los griegos también la comprobaron mediante observaciones. Hacia el 350 a. de J.C., Aristóteles expresó su creencia que la Tierra no era plana, sino redonda. Su argumento más efectivo era el que si uno se trasladaba hacia el Norte o hacia el Sur, iban apareciendo nuevas estrellas en su horizonte visible, al tiempo que, desaparecían, bajo el horizonte que dejaba atrás, las que se veían antes. Por otra parte, cuando un barco se adentraba en el mar, no importaba en qué dirección, lo primero que dejaba de verse era el casco y, por fin, los palos. Al mismo tiempo, la sombra que la Tierra proyectaba sobre la Luna durante un eclipse lunar, tenía siempre la forma de un círculo, sin importar la posición de nuestro satélite. Estos dos últimos fenómenos serían ciertos sólo en el caso que la Tierra fuese una esfera. 

Las religiones abrahámicas 
Según el Corán, la tierra es tan plana como una alfombra: 
Él os ha puesto la tierra como asiento y os ha trazado en ella caminos…(20:53)
Allah os ha puesto la tierra extendida…(71:19)
¿Es que no se fijan en los camellos y cómo han sido creados? ¿Y en el cielo y cómo ha sido elevado? ¿Y en las montañas, cómo han sido erigidas? ¿Y en la tierra, cómo ha sido extendida? (88:17-20) 
Uno de los mayores comentaristas musulmanes de todos los tiempos explica el 88:20 de la siguiente manera: 
En cuanto a Sus palabras «sutihat» en una lectura literal sugiere que la tierra es plana, lo cual es la opinión de la mayoría de los eruditos de la [revelada] Ley, y no una esfera como los astrónomos sostienen, incluso si esto [después] no contradice ninguno de los pilares de la ley. 
 Aprendemos de los compañeros de Mahoma que las siete tierras son planas. Ibn Abbas comenta:
(Alá es Quien ha creado siete cielos) uno encima del otro como una cúpula, (y la tierra de la misma forma), siete tierras pero son planas. 
Mahoma claramente creía que es el movimiento del sol, no la rotación de la tierra, lo que nos hace nuestra observar al sol en movimiento en el cielo: 
Y el sol, que corre hacia un lugar de reposo que tiene. Ese es el decreto del Poderoso, el Sabio. Y a la luna le hemos fijado casas, hasta que se hace como una rama de palmera vieja. No procede que el sol alcance a la luna, ni que la noche se adelante al día. Cada una va en una órbita. (36:38-40) 
Nótese que aquí el Corán declara que los cuerpos celestes se mueven a lo largo de sus órbitas. Algunos musulmanes intentar estirar la interpretación en el sentido de que el universo es una esfera y que todo está navegando en ella, o que Mahoma está hablando de las órbitas de los planetas y las lunas. Sin embargo, Mahoma tiene, evidentemente, tanto a la luna como al sol en mente. Como leemos en el sura 21:33: 
Él es Quien creó la noche y el día, el sol y la luna. Cada uno navega en una órbita. (21:33) 
Sabemos que Mahoma creía que el sol se mueve por el cielo gracias a otros pasajes del Corán. Por ejemplo, los siguientes versículos nos dicen que un hombre (considerado por muchos musulmanes como Alejandro Magno) una vez alcanzó el lugar donde se pone el sol: 
Y te preguntan sobre Dhul Qarnayn, di: Voy a recitaros una mención sobre él. Verdaderamente le dimos poder en la tierra y de cada cosa le dimos un medio. Y siguió uno de ellos. Así cuando hubo alcanzado el poniente del sol, encontró que éste se ponía en un manantial cenagoso y halló junto a él a una gente. Dijimos: ¡Dhul Qarnayn!: O los castigas o adoptas con ellos una actitud de bien! (18:83-86) 
Según este pasaje, el sol es lo suficientemente pequeño como para meterse a una alberca cenagosa. Los musulmanes tratan de reinterpretar esto, pero el punto de vista de Mahoma es bastante claro.


La forma en que los hebreos antiguos concebían el universo es fascinante y dista mucho de cómo lo concibe la ciencia actual, pero no podemos decir que haya sido la intención de estos relatos la misma que tiene ciencia.

El relato bíblico de la creación requería una concepción de fondo de cómo se concebía el hábitat humano y divino, y el Antiguo Testamento lo desarrolla, pero sin que necesariamente constituya una cosmología completa y formal; ese no era el objetivo sino hablar de la divinización de todo el conjunto.

En el Antiguo Testamento la Tierra era concebida como un disco plano flotando sobre agua, el cielo como una cúpula sobre la Tierra, las estrellas fijas “pegadas” a la cúpula, el Sol la Luna y las estrellas móviles (los planetas visibles) colgando bajo el domo, movidas a través del cielo por ángeles.


Sobre el domo más agua, (explicando el por qué el cielo es de color azul como un mar) el domo a su vez tiene compuertas que se abren para producir lluvia, y sobre todo esto el trono de Dios, observando todo el mundo desde arriba.


La forma del mundo para los primitivos cristianos se convirtió en una imagen cuidada y atractiva desde el punto de vista de la teología. El cristianismo trajo consigo un olvido del saber griego y romano, en el mundo mediterráneo, que afligió a Europa desde el año 300 de nuestra era hasta el año 1300 (¡1000 años de ignorancia!). Durante estos siglos la fe y el dogma cristiano suprimieron los esmerados estudios de los sabios de la antigüedad. Los mapas eran circulares, rodeados del océano y con África arriba, Asia a la izquierda y Europa abajo. En otros que se llamaron mapas T-O, tenían la forma de una T dentro de una O, la T era un curso de agua que separaba a Asia arriba, Europa a la izquierda y África a la derecha. Jerusalén estaba en el centro de todos los mapas. El pensamiento cristiano también puso en duda la redondez de la Tierra, ya que la gente del hemisferio sur se podía caer al vacío. El marino griego Cosmas Indicopleustes, quien luego se convirtió en monje, escribió hacia el año 535 un trabajo titulado Topografía cristiana, en el cual da una descripción de la Tierra muy atractiva.

Mapamundi de Indicopleustes
Para éste, el mundo tiene la forma del Arca de la Alianza; y lleva esta comparación hasta los más mínimos detalles. Para Cosmas la Tierra es plana, de forma rectangular y constituye el piso de ese baúl que es el Arca de la Alianza. De cada lado se alzan paredes verticales y éstas, al reunirse, forman una especie de techo curvo, la tapa del baúl, que la particularidad de ser de doble forro. El plano inferior del techo es el cielo que vemos, mientras que el otro plano es el verdadero techo del universo. Cosmas Indicopleustes y Lactancio son los dos únicos autores cristianos de la Antigüedad y del medievo de los que se sabe con certeza que mantuvieron la idea de una Tierra plana.

Pero...
Ni el Arzobispo Ussher ni los antiguos pueblos alcanzaron a sospechar siquiera la verdad. Hoy sabemos que la tierra tiene alrededor de 4.500 millones de años al igual que todo el resto del sistema solar, luego de que por efecto de la gravedad se hubiera condensado el gas y el polvo que formaban la nube primigenia, restos de una supernova que provocó la muerte de una estrella que nos dejó como herencia la materia de la que estamos hechos…

Los terraplanistas afirman que no existe más universo que nuestra tierra, que es todo una mentira destinada a sacar al hombre de su lugar de privilegio en la Creación. Es una visión muy pequeña, en realidad, somos parte de algo mucho más maravilloso y grandioso, sin límites, esperando que, como lo hicieron los antiguos exploradores, nos lancemos a su conquista.



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