lunes, 8 de mayo de 2017

Astronomía Zetética (S. Rowbotham) Capítulo II: Experimento 12

Experimentos que demuestran la verdadera forma del agua, y que prueban que la Tierra es plana

Experimento 12
En la orilla cerca de Waterloo, a unas pocas millas al norte de Liverpool, se fijó, a una altura de 6 pies (1.8 m) por encima del agua, un buen telescopio. Fue dirigido a un gran barco de vapor, simplemente dejando el río Mersey, y navegando hacia Dublín. Poco a poco el palo mayor del barco se acercaba al horizonte, hasta que, al fin, después de haber transcurrido más de cuatro horas, desapareció.

La velocidad de los vapores de Dublín era de unas ocho millas por hora (13 km/h); por lo que el buque estaría, al menos, a treinta y dos millas (51.5 km) de distancia cuando el mástil mayor desapareció en el horizonte. Los 6 pies de elevación del telescopio implican tres millas que deben deducirse de la convexidad, lo que dejaría veintinueve millas, cuyo cuadrado, multiplicado por 8 pulgadas, da 560 pies (171 m); haciendo la deducción de 80 pies (24 metros) correspondientes a la altura del palo mayor, nos encontramos con que, de acuerdo con la doctrina de la redondez, el mástil a del vapor con destino al exterior debería estar 480 pies (146 metros) oculto por debajo del horizonte.


Muchos otros experimentos de este tipo se han realizado en los vapores de navegación marítima, y ​​siempre con resultados totalmente incompatibles con la teoría de que la tierra es un globo.


Antes que nada, debemos hacer notar ciertos aspectos que hacen que este experimento sea poco serio. Dice Rowbotham que dirigió su telescopio a un "gran barco" del que no sabemos nada, y aparentemente, él tampoco. No lo identificó, sino que parece haber realizado su experimento con el primer barco que apareció. Por lo tanto desconocemos:
  • La altura real de sus mástiles, por lo tanto, la altura de 80 pies (24 m) es solo una estimación y podría no ser la verdadera.
  • Su velocidad real. Solo se limita a afirmar que 8 millas/hora era la velocidad habitual de los barcos que hacían ese viaje. Hay una infinidad de razones por las que podría estar navegando a otra velocidad y consecuentemente, hallarse a una distancia muy diferente.
También es muy significativo que Rowbotham reconoce que lo único que podía ver después de cierto tiempo fueran los mástiles del barco y que estos se fueron hundiendo poco a poco tras el horizonte. Es una pena que no dijera cuándo dejó de ver el casco. Al aceptar esto, prácticamente está reconociendo la esfericidad terrestre.

Es una tarea imposible refutar algo con datos tan imprecisos. Por esa misma razón, no se puede considerar este argumento como algo válido. Un experimento sin datos precisos, no puede aspirar a ser considerado desde un punto de vista científico.

Sin embargo, vamos a darle una o dos vueltas a la cuestión.

Por supuesto, no contamos con fotografías que acrediten las afirmaciones de Rowbotham, pero  en su reemplazo podemos trabajar con unas imágenes de algo ubicado a casi 50 km (recordemos que él afirmó ver el mástil del barco a unos 51,5 km). Se trata de la pequeña y bellísima ciudad de Colonia del Sacramento, en la República Oriental del Uruguay, desde Buenos Aires, en Argentina. 


Colonia es una ciudad con construcciones bajas. Como puede apreciarse en la siguiente imagen, no es visible desde la ciudad de Buenos Aires (a pesar de que la fotografía ha sido tomada a una altura bastante mayor a la declarada por Rowbotham para su punto de observación de solo 1.8 m). La costa uruguaya solo puede ser apreciada desde los edificios más altos de la capital argentina.



Sin embargo, los 26 metros de altura del Faro de Colonia podrían tomar el lugar del mástil de 24 metros del barco. Tampoco se ve...


La ciudad de Buenos Aires, en cambio, es una gran metrópoli con edificios de gran altura. Desde cierta distancia, vista desde el río, presenta este aspecto:


A medida que nos alejamos de la costa, los edificios más bajos desaparecen de nuestra vista, dejando visibles únicamente a los más altos. En la siguiente imagen podemos ver el aspecto de Buenos Aires vista desde Colonia del Sacramento. 


Por lo expuesto, me atrevo a afirmar que una o más de estas explicaciones aplican a este experimento:
  • El barco no se desplazaba a la velocidad estimada y por lo tanto estaba mucho más cerca.
  • La altura del barco no era la supuesta por Rowbotham.
  • El telescopio estaba ubicado a una altura sensiblemente mayor.
  • Está mintiendo.
Finalmente, quiero hacer notar que no he mencionado el tema de la refracción, porque ni aún considerándola los valores sugeridos por Rowbotham son creíbles.

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